El terror de los animalitos. O no. A mi me encanta ir al vete. Sobretodo porque nada más entrar veo la carita tan dulce que tiene Rosi. Rosi es la chica que está en el ordenador. Siempre me dice cosas bonitas y me da chuches. Es muy buena y cariñosa. Cuando ya estamos dentro, lo primero que hace mami es pesarme. Le encanta hacerlo. A veces se pone pesada, porque tiene miedo que se me escapen los kilos. Yo intento tranquilizarla, pero ella me quiere tanto que tiene miedo que algo me pase.
Entonces nos sentamos y esperamos a que venga María, que es la veterinaria.
A mi me gusta verla, pues me trata muy bien. Lo que menos me gusta es que me suban a la camilla esa que es metálica, pues me resbalo y tengo miedo de caerme. Tampoco me gusta que me pinchen, aunque yo no me quejo. La verdad es que tampoco he ido para cosas importantes. Recuerdo un día que fui porque se me rompió una uña y como se me podía infectar y ponerme malita pues me vendaron la pata, pero mami que es muy cuidadosa y no me quería ver con la venda me compró unos zapatos.
Que risa pasamos. Yo no sabía caminar con zapatos y se me iban las patas para todos lados. Pero al final me hice una experta y corría con ellos.
Otra de las veces que tuve que ir fue cuando dejé de comer. Fue de repente. No sé que me pasó que ya no comía ni pienso, ni carme de lata, ni nada y eso que mami me compró de todo y de todas las marcas. Entonces María me dio unas vitaminas que me pusieron en forma otra vez y ahora como lo que me echen.
No tenéis que tener miedo al veterinario, pues es nuestro amigo.







