Pícaro ya estaba en casa cuando llegué, igual que Ludo. Es un perrito grande a manchas negras y blancas. Es muy bonito. No se sabe la raza pues lo adoptaron del albergue donde trabaja la nena de jugar. Lo trajo ella porque le pareció que ya era hora de que tuviera un hogar, pues dicen que anda sobre los 9 o 10 años.
Pícaro es un perrito muy serio. Ay...los años pesan. Pero cuando salimos a jugar yo veo que está muy ágil.
De todas formas, yo creo que lo que le pasa es que es un poco vago. Cuando come, se echa en el suelo, está todo el día descansando y por más que voy a darle lametazos, no me hace ni caso. La dolce vita, ése es su lema.
Un día me contaron la historia de Pícaro. Dicen que apareció por el albergue con sus hermanos, todos cachorros. Parece ser que les habían abandonado a su suerte. Y desde ese momento pasaron todos estos largos años sin saber lo que es el cariño de una familia. Desde que está con nosotros ha mejorado, pero sigue siendo un perrito tímido y asustadizo. Le asustan los coches, mucha gente, pero sobretodo los petardos y los truenos. Él es feliz en el pueblo. Allí está alejado de todo aquello que pueda hacerle sentir mal. Le gusta cazar conejos, correr al trote y chapotear en el río. Yo me llevo bien con él aunque me gustaría que jugase un poco más, pero entiendo que ya es mayorcito y no puedo pedirle mucho. A pesar de todo es mi amigo y mi hermano mayor.
Pícaro y yo

No hay comentarios:
Publicar un comentario